Siempre miraba a la calle
por el balcón de aquel cuarto piso de alquiler.
Miraba con nostalgia la
calle y cómo caminaba la gente, siempre con prisas. Por las noches continuaba
ahí, en el balcón, observando como el chico del tercero del piso de enfrente se
despide cada noche de su novia con un beso, y como ella se pone el casco y
vuelve a subir a la moto y se va.
Y piensa cuántas veces
habrá sido otra vecina la que la observaba a ella mientras ella entraba o salía
de su portal. Y piensa, también, qué debe ser ahora de esa persona, o si, como
a ella, le corre nostalgia y pena en lugar de sangre por las venas al ver la
vida pasar.