El 23 de julio de 2007 detuvieron a Jaime Jiménez Arbe, El Solitario, en
Portugal. El 23 de julio de 2007 yo tenía siete años (y no, no nací en el dos
mil). El 23 de julio de 2007 faltaban cuatro años para que se muriese Tom, uno
de los pocos perros que no me daba miedo en mi infancia y que cuando aún era
más pequeña creía que era un caballo. El 23 de julio de 2007 faltaban menos de
diez años para que mi abuelo acompañara a Tom en su viaje.
El 23 de julio de 2007 era verano. El 23 de julio de 2007 mis padres
trabajaban y yo estaba en casa de mis abuelos. El 23 de julio de 2007 vimos
como detenían a El Solitario en la televisión. El 23 de julio de 2007 quedé
impresionada por como trabajaba la policía. El 23 de julio de 2007 jugué con mi
abuelo a que él era El Solitario y yo la policía que lo detenía. Tom era mi
ayudante.
He recordado muchas veces aquel 23 de julio de 2007. He recordado muchas
veces los veranos con mis abuelos. He recordado muchas veces a Tom. Y a mi
abuelo más. A mi abuelo lo recuerdo cada día. En cada cosa. En cada momento. En
cada nube y en cada estrella. En cada lágrima y en cada media sonrisa. Mi
abuelo está siempre, todo el rato, conmigo. Mi abuelo está en mí, en mi madre y
en mi abuela. A mi abuelo lo pensamos cada día en silencio y lo lloramos a
solas, no vaya a ser que nos descubramos echándolo demasiado de menos.
Echo de menos los sábados de película de Antena 3 después de comer con mis
abuelos. Echo de menos los domingos con los primos y deshacer la cama de tanto
jugar, saltar y pelear en ella. Echo de menos estar todos juntos. Echo de menos
las partidas de la brisca las noches de verano. Echo de menos el ruido de como
arrastraba los pies. Echo de menos el ruido de la máquina de ejercicio de mi
abuelo. Echo de menos bañarme con él en la piscina. Echo de menos que sea él el
que me abra la puerta. Echo de menos la cara de Tom la noche de San Juan. Echo
de menos a mi abuelo, a Juan. Echo de menos el 23 de julio de 2007.