Fuiste mi primer afecto, mi primer
beso, mi primera caricia. Fuiste mi primera sonrisa y mi primer llanto. Fuiste
mi primer Te quiero y eres los Te quiero de cada día.
Fuiste y eres luz en los días de
lluvia, eres serenidad y libertad. Simplemente, eres.
Aceptaste todo de mí y no me
cuestionaste nada. Nunca.
Fuiste la diana de mis dados envenenados
a los catorce. Fuiste mis malas palabras, mis reproches y mis lágrimas.
Fuiste mis abrazos en los peores
momentos, el empujón que necesitaba para lanzarme a la piscina.
Fuiste la más orgullosa de la
platea y la que me abrazó y me secó las lágrimas cuando las cosas no habían
salido como esperaba.
Me enseñaste que nosotras podemos
ser nuestras peores cadenas, pero que solo nosotras podemos romperlas y sé que
tú siempre estarás cuando yo, alguna vez, decida hacerlo.
Tú eres Viena y Praga, Madrid y,
sin saberlo, también eres Sevilla.
Tu eres abrazos y besos, tú eres
siempre buenas palabras, eres sueños por cumplir e ilusión.
Eres ganas de vivir, eres ganas
de que todo salga bien, porque tú eres esperanza.
No hay nada más real que decir
que tú eres casa, la casa que has reinventado tú sola cuando no creías poder
hacerlo. Eres cada tocho, cada pared y cada puerta que hay aquí. Eres cada
sonrisa de esta nueva casa, eres el olor que se oye al entrar.
Eres tenacidad y fuerza, eres el
más claro ejemplo que de los pozos y de los callejones oscuros también se puede
escapar.
Eres el sol de San Juan de Gaztelugatxe,
el mar de Cambrils y la montaña que está al lado de casa.
Eres mi ser, eres mi voz y mi
dolor y esto es mi horror, pero sólo tú me puedes sacar de aquí. Y sé que me vas
a salvar, sé que me vas a sacar de aquí porque sino pierdo el rumbo y la que se
va soy yo. Porque sé que te vas a quedar aquí. Conmigo. Con todos. Con todas.
Porque, joder, te tienes que quedar y ya.
Porque te vas a quedar, porque
tenemos que hacer muchas guerras de agua, tenemos que afrontar muchas peleas
por el lado derecho del sofá, porque tenemos que cantar muchas veces más Hago chas y aparezco a tu lado a pleno pulmón
y porque tenemos que pedir mil veces más un cortado y un zumo de piña en un bar
y, porque no decirlo, tenemos que abrazarnos muchas veces más hasta la
eternidad.