dimarts, 11 de juliol del 2017

Que te rompan de vuelta.

Hacía dos meses que mis labios no tocaban una boquilla.
Desde el día que tus labios tocaron los mios. Un beso que supo a vodka, roncola, tabaco e ilusión. Joder que equivocada estaba.

Eres un jodido vício para mi. ¿Quién necesitaba el amargo tabaco teniendo tus dulces palabras? No hablo de te quieros. Ni de vacías palabras bonitas. Hablo de lo bonito que sonaba mi nombre rodando de tu lengua. O como me chinchabas pero siempre acabando en risas.
Aunque ahora que lo pienso puede que fueran todo mentiras. Por Dios, por mi cabeza corrieron más te quieros que mentiras se escaparon de la tuya. Dulces mentiras dulces te quiero.

Podría llamarte imbécil. Imbécil, capullo, idiota, gilipollas y  toda la larga lista de insultos que se me ocurrieran. Pero no. Aquí la única imbécil, la idiota, soy yo.
La ilusa que se creyó todos y cada uno de esos "Te estaba echando miradas 'especiales' en clase, tía" en frías mañanas de enero. La ilusa que se creyó cada beso.

Las estrellas que vieron como me decías que estabas orgulloso de mí por no rendirme o cuánto me echabas de menos (tanto que "usabas a tus amigos de distracción") ahora se ríen en mi puta cara por ser así de imbécil.

¿Pero que podría esperar de alguien como tú?
Alguien incapaz de recordar ciertos detallitos.
Alguien egoísta a su manera.
Incapaz de decir la verdad hasta para esto. Mentiroso pretencioso.

Me gustaría haber tenido la oportunidad de decirle a mi yo de principio de curso, que no se fijara en el chico callado que tocaba Pink Floyd con la guitarra.
A mí yo de abril, que al final no haber ido a por la rosa fue un error genial.
A mí yo de hace casi un mes, que no sea tan impulsiva.
A la de hace casi dos semanas, que llorarlo con alguien es mejor que llorarlo a solas a las 3 de la madrugada de campamentos.

Pero bueno, yo vuelvo a los cigarrillos que se consumen como mis ganas de volverte a ver. 
¿Estoy resentida? Sí.
¿Estoy dolida? Mucho. Joder, mucho. Y que genial poder reconocerlo.
¿Me arrepiento? En parte. No me arrepiento de "nosotros", o lo que fuera eso. Me arrepiento de haber sido tan inocente. De haber pensado que habías cambiado un poquito.

No sé si debería decirte esto. Al final, tampoco éramos nada serio, según tú. Solo un rollete que para mí, fue algo más.
No te equivoques, no eres el amor de mi vida. Nunca vas a serlo. Pero me marcaste. Para bien o para mal. Pero lo hiciste.
Podríamos haber sido poesía; una de esas de Neruda o Benedetti. Pero nos quedamos en esa canción cutre y pasada de vueltas que ponen en Los 40 Principales a las tantas de la madrugada.

Tampoco sé cómo cerrar esto. 
No te diré que te echo de menos. Ni que te quiero. 
Ahora mismo solo me apetece decirte que te den.
Gracias por romperme sin darme un motivo. 
Espero que te rompan de vuelta.

-B.