dimecres, 14 de març del 2018

Beber, liar, fumar.

Suelo decirlo, pero es que fueron los años más felices de mi vida y nunca me volví a sentir como en aquellos tiempos. No sé si nunca me volveré a sentir como en aquellos días cuando el sol nos daba en la cara y el viento nos iba a favor. No sé si alguna vez volveré a sonreírle a alguien cuando los mire a los ojos, ni sé si alguna vez voy a pensar que casa tiene manos y pies y labios. Porque sí, porque fueron los años más felices de nuestras vidas.


Rectifico.


Fueron los años más felices de mi vida porque tú, tú continuaste como si nada, continuaste siendo reina de las tarimas alzando la bandera de la felicidad.


El resto pasó a un segundo plano en tu vida. Yo pasé a un segundo plano. Las personas que una vez habían sido tu familia pasaron a un segundo plano y tú sin percatarte de nuestras ausencias.


Yo, mientras, abriéndome en canal y sacándome las entrañas, desangrándome por las esquinas, retorciéndome en la oscuridad con la esperanza de encontrar luz. Lo peor eran las mentes, las mentes que me rodeaban, las mentes que se me acercaban y me susurraban, lo peor fue decidir continuar hacia adelante, pero no me fue tan mal.


Hice lo que pude, pero no me fue tan mal. Sangrando de vez en cuando, llorando de vez en cuando, echando de menos de vez en cuando, pero sonriendo siempre. Llegaron luces a mí que me hacían cosquillas, que me mordían el labio y que me hicieron creer que de todo se sale.


Pero no me habían dicho que hay luces que también se apagan. No me habían dicho que los fusibles saltan. Por los aires. No me habían dicho tantas cosas. Aunque, durante un tiempo, viví bien la oscuridad, y viví muy bien, quizá, incluso, demasiado. Hasta llegar a la apatía, a la ataraxia más dura. O no, quizá la ataraxia no sea dura, quizá, simplemente, sea. O me sea. No soy la ataraxia, la ataraxia me es, que es distinto.


Quizá lo dije alguna vez, pero nunca en serio, pero lo oí tantas, tantas veces que lo nuestro iba a ser eterno, que iba a ser para siempre que me volví inmune a las ilusiones, me volví inmune a creer y me prohibí volver a sentir. Me blindé a todo y a todos y lo único que puede traspasarme es una bala, una bala directa al corazón y que lo único que puede hacer es que me muera. O que me trasplanten el corazón. Esa es una buena opción. Quizá las dos lo sean.


Me emborraché tantas veces como lloré vuestras ausencias. Me lie tantos cigarros como veces había releído conversaciones antiguas. Y me fumé tantos porros como veces he deseado que volvierais a mi vida.


Ahora la cuestión está en cuántas veces me emborraché, cuántos cigarros me lie y cuántos porros me he fumado.









dijous, 11 de gener del 2018

Eres, fuiste y serás.


Fuiste mi primer afecto, mi primer beso, mi primera caricia. Fuiste mi primera sonrisa y mi primer llanto. Fuiste mi primer Te quiero y eres los Te quiero de cada día.

Fuiste y eres luz en los días de lluvia, eres serenidad y libertad. Simplemente, eres.

Aceptaste todo de mí y no me cuestionaste nada. Nunca.

Fuiste la diana de mis dados envenenados a los catorce. Fuiste mis malas palabras, mis reproches y mis lágrimas.

Fuiste mis abrazos en los peores momentos, el empujón que necesitaba para lanzarme a la piscina.

Fuiste la más orgullosa de la platea y la que me abrazó y me secó las lágrimas cuando las cosas no habían salido como esperaba.

Me enseñaste que nosotras podemos ser nuestras peores cadenas, pero que solo nosotras podemos romperlas y sé que tú siempre estarás cuando yo, alguna vez, decida hacerlo.

Tú eres Viena y Praga, Madrid y, sin saberlo, también eres Sevilla.

Tu eres abrazos y besos, tú eres siempre buenas palabras, eres sueños por cumplir e ilusión.

Eres ganas de vivir, eres ganas de que todo salga bien, porque tú eres esperanza.

No hay nada más real que decir que tú eres casa, la casa que has reinventado tú sola cuando no creías poder hacerlo. Eres cada tocho, cada pared y cada puerta que hay aquí. Eres cada sonrisa de esta nueva casa, eres el olor que se oye al entrar.

Eres tenacidad y fuerza, eres el más claro ejemplo que de los pozos y de los callejones oscuros también se puede escapar.

Eres el sol de San Juan de Gaztelugatxe, el mar de Cambrils y la montaña que está al lado de casa.

Eres mi ser, eres mi voz y mi dolor y esto es mi horror, pero sólo tú me puedes sacar de aquí. Y sé que me vas a salvar, sé que me vas a sacar de aquí porque sino pierdo el rumbo y la que se va soy yo. Porque sé que te vas a quedar aquí. Conmigo. Con todos. Con todas. Porque, joder, te tienes que quedar y ya.

Porque te vas a quedar, porque tenemos que hacer muchas guerras de agua, tenemos que afrontar muchas peleas por el lado derecho del sofá, porque tenemos que cantar muchas veces más Hago chas y aparezco a tu lado a pleno pulmón y porque tenemos que pedir mil veces más un cortado y un zumo de piña en un bar y, porque no decirlo, tenemos que abrazarnos muchas veces más hasta la eternidad.

dissabte, 6 de gener del 2018

Volver a Volver.


A veces Volver es un lugar, y volver a Volver una acción, es sentirse pátrida otra vez, es volver a reconocer voces, a ver miradas que se fijan en ti.

A veces Volver es tan necesario como complicado, y otras tan fáciles y sencillas que desearías que Volver volviera a ser tu hogar.

Volver no es sólo un lugar, Volver es hacer un viaje a la nada, o al todo, según se mire. Volver es inspeccionarse, e inspeccionar, es observar queriendo observar cómo ya nada no es como lo era antes, volver es ver como Volver ha cambiado, volver es ver como lo que antes eran lloros ahora son medias sonrisas y, lo que es peor, lo que antes eran sonrisas enteras, ahora es agua de mar.

Volver es arriesgarse, volver a Volver es querer estar triste durante unos minutos, es querer volver al Volver de antes, en el que todo parecía ir bien. Volver puede ser no querer volver de Volver nunca, pero Volver es efímero, y de Volver siempre se debe volver, eso es lo peor.

Quizá por eso alguien dijo que nunca se debe tratar de regresar a donde se ha sido feliz, por eso yo no debo tratar de volver a Volver, pero aún así tengo ganas de volver.

A Volver.

diumenge, 26 de novembre del 2017

Se miraron.


Se levantó a las doce del medio día porque la noche anterior se había ido a dormir a las siete de la mañana. Locuras de los veinte.

Cuando abrió la puerta el pequeño Max ya la estaba esperando moviendo la cola, le saltó encima y cuando ella quiso hacer algo para evitarlo, ya fue demasiado tarde.

Se tumbó en la cama sin deshacerse la trenza, sin desmaquillarse y, ni tan siquiera, se cambió de ropa. Para qué. Si no tenía fuerzas y el único ser vivo que la vería iba a ser Max.

Soñó cosas de la noche anterior. Cómo bailaban las de su alrededor, cómo la chica del top negro se liaba con uno que había conocido esa misma noche, cómo la de la cola alta no paraba de darle al ron-cola y como ella, como siempre, se sentía desubicada, perdida, extraña sin saber muy bien qué hacer.

Ella intentaba bailar. Sólo intentaba. Pusieron una lenta (o no tan lenta) y se arrimó a la primera chica que encontró para bailar con ella. Y ésta le susurró: perdona si te piso lo pies.

Entonces se miraron.

A los ojos.

Pensó cuánto tiempo hacía que no miraba a alguien de verdad. Y que por qué la primera vez tenía que ser una discoteca cutre que estaba en un barrio de mala muerte, pero que, por alguna razón que desconocía, estaba de moda.

La música tampoco era para tanto, y hasta hacía menos de media canción lo único que quería era huir de allí. Pero ahora restaba atrapada en una lenta (o no tan lenta), canción de amor.

Atrapada en los ojos de una chica que llevaba el eyeliner simétrico. Llevaba los labios de lo que su hermano hubiera llamado rojo putón. Y le quedaba bien. Jodidamente bien.

La chica era una diva. Una diva divina.

Una diva que parecía haberse fijado en ella.

En ella que sólo se había hecho el eyeliner como buenamente había podido, y con prisas, como siempre.

En ella, que había sido su amiga quien le había puesto gloss en los labios.

En la chica torpe, la maldita, la que sus amigos llaman barriobajera. La que para ella todo es una ‘movida’ o la que saber conjugar el verbo ‘cantear’, la que dice ‘mazo’, ‘en plan’, o ‘debuti’ tres veces en una misma frase.

Cómo de repente se había podido sentir tan fuerte. Tan potente. Tan llena de vida sólo con haber mirado a alguien.

Sólo con que ese alguien la mirara.

Sólo con que se miraran.

Y se miraran de verdad.

Porque hay miradas que salvan vidas.

Hay miradas que son muchas cosas.

Hay miradas que son mejor que un Bailar pegados de Sergio Dalma.

O quizá no sólo se miraron.

Eso ya queda para ellas.


divendres, 17 de novembre del 2017

Tú tan tú; yo tan yo.


Que tú me querías para toda la vida y yo sólo para un rato, para pasárnoslo bien y ese rato se fue alargando, pero no duró toda la vida. Ni del palo.

Tú la romántica, la utopía, y yo tan quimera, todo tan indiferente. Yo siempre tan fría y tú sin saber que el hielo también quema.

Tan papel de lija y tan de madera las dos, para intentar pulirnos sin saber, o sin querer saber, que las dos ya estábamos bien cómo estábamos.

Tan iguales, pero tan jodidamente dispares, completamente opuestas a ojos ajenos.

Tú que eras cómo mi casa, y otros que eran tan Bankia para desahuciarme.

Tanta guerra de por medio que tantas muertes no merecieron la pena, que sólo ganamos, o perdimos, un poco de territorio, que conseguimos matar la reina del ajedrez, pero no hacer jaque-mate, de eso ya me encargué yo cuando más lo necesité, cuando más pensé que iba a ir a favor de mi jugada.

Y tú no quieres volver a jugar, quizá ahora tú vayas a ganar. Puede que quieras la revancha, o que sólo quieras vengarte de mí e, incluso, puede que lo entienda. O no. Seguramente no lo entienda ni entienda el extraño mecanismo de tu mente.

Tú tan desaparecida y yo con tantas ganas de desaparecer. Tú de hacer tantas putadas por la espalda y yo por la cara, pero las dos tan de callarnos la mierda.

Yo tan de matar, y tú tan de sobrevivir.

Yo tan de arrastrarme, y tú tan de pasar.

Yo tan de nunca saber qué piensas tú, pero de pensar que todo pasa por algo. Siempre.

divendres, 8 de setembre del 2017

Mi diosa del Olimpo.


Me ha llevado dieciocho años llorar por amor. Me ha llevado dieciocho años leer un mensaje y pensarme durante más de cinco horas la respuesta para encontrar las palabras adecuadas, las que expresen. Las que me expresen.

Me ha llevado algo más de dos años entender que aún continuaba pensando en ti. En que quizá nunca dejé de hacerlo. Le duela a quien le duela. Porque también me duele a mí. Y mucho.

Porque cada persona que se interponga es sólo un paso más para llegar a ti. Llegar para no soltarte nunca, y esta vez va en serio. A por todas. A por ti. Te lo prometo.

Porque me abrazas y me besas sin tocarme. Y porque yo te abrazo y te beso igual, aunque hayamos hecho un pacto mudo de no decirlo, pero de comernos a besos.

Porque dejé de apostar por ti una vez. Dejé de apostar por ti y por mí, y no quiero volver a hacerlo. No sin intentarlo una vez más. No sin probarlo. Una vez y las que sean necesarias.

Porque no sé cuándo. Quizá hoy, quizá mañana o dentro de tres o cuatro meses, pero vas a acabar leyendo esto. Y vas a saber que va dirigido a ti.

A ti.

Tú.

Tú que eres mi musa en el silencio. Mi sonrisa de los buenos días y mis ojeras del día siguiente.

Tú que llegaste siendo una estúpida sin saberlo. Y que ahora eres igual de estúpida, pero con sentimientos. Con mis sentimientos. Y conmigo.

Tú que sólo tienes que decirme ven.

Y tú que no lo dices. Y que te odio por no decirlo. Sólo dime cuándo. Dime que ahora.

Pero es que parece que estemos gafadas, joder. Siempre pasa algo. Siempre por algo. Cuántas veces estuvimos a punto, casi, pero no. Pero prometo que ese día llegará. Que llegará y que no sabré qué hacer ante ti. Ante mi diosa del Olimpo.

La que siempre va tres pasos por delante de mí. La que siempre sabe más que yo. La de las altas capacidades que nunca se equivoca, y cuando creo que se equivoca, la equivocada soy yo.

La que estuvo en las buenas. La que se alegró por mí y la que apostó por mi cuando ni yo misma lo hacía.

La que estuvo en las buenas, pero también en las malas. La que estuvo cuando más sola me sentí sin necesidad de decírselo. La que estuvo conmigo aun estando a kilómetros cuando ni los que estaban a centímetros estuvieron. Porque creo que fuiste la única. O de las únicas. Qué triste fue todo eso.

Y yo también intenté estar contigo. Fuera en las buenas o en las malas, eso es lo que menos importa. Intenté estar siempre contigo e intenté estar siempre a la altura. Y continuaré intentándolo. Hasta la saciedad.

Porque te espero a ti. Igual que espero el verso de una canción cada mañana y que te rías de mis zumos de piña. Igual que espero que pronuncies palabras en catalán o que calles. O que me calles de la mejor manera que sabes hacerlo, lo que no significa dejarme sin voz.

Y recuerda siempre que yo sólo te quiero a ti. Tú quieres llamar la atención.


dimarts, 8 d’agost del 2017

Ella es mi casa.


Hay cosas que son preciosas; que lo eran antes, que lo son ahora y que también lo serán en un futuro. Incluso hasta en un futuro lejano que todavía da miedo mirar.

Es la sensación de volver a casa después de mucho tiempo, de muchas vivencias, volver a reencontrarte con algo que forma parte de ti de una manera tan tajante. Como si, aunque tú no lo supieras, todo este tiempo te hubiera estado faltando algo, una ficha en tu puzle que no echabas de menos, pero que, ahora que la tienes, sientes que estás completa otra vez.

Como, a pesar de la distancia, de los kilómetros, del tiempo que ha pasado y de todo lo que hemos vivido, todo fuera igual que el primer día que nos conocimos. La misma manera de reír, de hablar, de mirarnos a los ojos y de saber que podemos ser como realmente somos la una con la otra. Que podemos contar la una con la otra, que siempre lo hemos podido hacer y que lo continuaremos haciendo. ¿Y no es maravilloso eso?

Que dio miedo distanciarnos, pero quizá sólo fue para tener más ganas de encontrarnos otra vez, de combatir otra batalla más sabiendo que no iba a ser la última y ponerle a cada una más fuerza y más empeño para derrotarlas. Pero que ahora hemos ganado, y volveremos a ganar, porque con mirarnos a los ojos sabemos que tenemos todo lo que necesitamos.

Porque es maravilloso volver a casa después de un largo viaje y sentir que estás a salvo, cerca de las personas que quieres y con quien estás a gusto. Es maravilloso reencontrarte con los tuyos. Con los que hace tiempo que no ves y que has echado de menos. Pero más maravilloso es cuando “tu casa” es esa persona, cuando vuelves a ella cual niño de cuatro años acude a su mamá al salir del colegio. Cuando al volver con ella te sientes a salvo, fuerte, pero a la vez risueña y relajada. Porque con ella puedes ser. Y ella puede ser contigo. Y las dos sois, sin que importe nada más.