Rectifico.
Fueron los años más felices de mi
vida porque tú, tú continuaste como si nada, continuaste siendo reina de las
tarimas alzando la bandera de la felicidad.
El resto pasó a un segundo plano
en tu vida. Yo pasé a un segundo plano. Las personas que una vez habían sido tu
familia pasaron a un segundo plano y tú sin percatarte de nuestras ausencias.
Yo, mientras, abriéndome en canal
y sacándome las entrañas, desangrándome por las esquinas, retorciéndome en la
oscuridad con la esperanza de encontrar luz. Lo peor eran las mentes, las
mentes que me rodeaban, las mentes que se me acercaban y me susurraban, lo peor
fue decidir continuar hacia adelante, pero no me fue tan mal.
Hice lo que pude, pero no me fue
tan mal. Sangrando de vez en cuando, llorando de vez en cuando, echando de
menos de vez en cuando, pero sonriendo siempre. Llegaron luces a mí que me
hacían cosquillas, que me mordían el labio y que me hicieron creer que de todo
se sale.
Pero no me habían dicho que hay
luces que también se apagan. No me habían dicho que los fusibles saltan. Por los aires. No me habían dicho tantas cosas. Aunque,
durante un tiempo, viví bien la oscuridad, y viví muy bien, quizá, incluso,
demasiado. Hasta llegar a la apatía, a la ataraxia más dura. O no, quizá la
ataraxia no sea dura, quizá, simplemente, sea. O me sea. No soy la ataraxia, la
ataraxia me es, que es distinto.
Quizá lo dije alguna vez, pero
nunca en serio, pero lo oí tantas, tantas veces que lo nuestro iba a ser
eterno, que iba a ser para siempre que me volví inmune a las ilusiones, me volví
inmune a creer y me prohibí volver a sentir. Me blindé a todo y a todos y lo único
que puede traspasarme es una bala, una bala directa al corazón y que lo único
que puede hacer es que me muera. O que me trasplanten el corazón. Esa es una
buena opción. Quizá las dos lo sean.
Me emborraché tantas veces como
lloré vuestras ausencias. Me lie tantos cigarros como veces había releído
conversaciones antiguas. Y me fumé tantos porros como veces he deseado que
volvierais a mi vida.
Ahora la cuestión está en cuántas
veces me emborraché, cuántos cigarros me lie y cuántos porros me he fumado.
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