diumenge, 21 de maig del 2017

No tengo.


A veces pienso que no tengo. Que no tengo aquello de los que todos fardan en Instagram. Ni tengo aquello que mencionan en Twitter. No tengo mensajes a las tres de la madrugada. No tengo besos. No tengo flores que cuidar. No tengo nada que compartir ni con quien compartir. No tengo. No tengo ropa. Ni zapatos. Ni collares.

No tengo vecinos. Ni casa. Por no tener, no tengo ni portal. Ni buzón. Y tampoco tengo cartas de amor. Ni de desamor. Por no tener, no tengo ni revistas del Eroski en el buzón. No tengo móvil, ni ordenador. No tengo nada de lo que se supone que una persona de occidente de clase media (si es que hay clase media) debería tener.

Aunque por tener, tengo muchas cosas; pero para el uso que me hacen, como si no las tuviera. Como si no tuviera nada. Porque la ropa no me viste y los zapatos no me calzan. El portal no abre y la revista no contiene palabras.

Como si me hubieran extirpado todo lo que han podido, arrancándome toda y cada una de las partes de mí. A tiras, dejándome desangrada en un terraplén para que las hormigas acaben conmigo.

Muerta. Muerta por dentro. Pero a lo lejos alguien sopla palabras, palabras que está vez no son de amor. Sólo palabras. Que dicen. Que expresan. Que contienen. Que liberan. Que son.


Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada