diumenge, 19 d’octubre del 2014

Mil batallas y la guerra entera.

Jamás le di importancia cuando me dijeron que ella tenía cáncer. Estaba convencida de que iba a salir de esta, de hecho, a veces me sorprendo a mí  misma pensando que se va a curar, pero eso no va a suceder. En menos de diez días hará dos años que se fue para siempre de este mundo pero jamás de nuestras vidas. Y hoy, como no, ha estado más presente que nunca por ser el día mundial de la enfermedad que se la llevó.
Porque como todos los que se enfrentan a una enfermedad de tal magnitud era demasiado buena, demasiado joven y le quedaban demasiadas cosas por hacer y por ver.
Pero la suerte, la maldita suerte es así. No sé si fue el destino, un Dios o qué, pero desde aquí le digo que se podría haber ahorrado esa energía, que no era necesario hacer sufrir a una persona cuando el final era aún peor.
Te llenas la cabeza con pensamientos que intentan auto convencerte de que quizá sea mejor así, que estaba sufriendo mucho y que estaba muy mal. Pero sabes que, en el fondo, todo es pura farsa, que nadie merece morir y que ella se ha muerto. Que hay miles de mujeres que superan esta enfermedad pero que ella no ha sido capaz. E intentas buscar una explicación y alguien a quién echarles todas la culpas por haber destrozado una familia y haberse llevado a ese ser querido, pero no lo encuentras y te odias a ti misma por no saber, ni siquiera, qué hacer o a quién odiar.

Y por eso, desde un rincón a oscuras de mi habitación, tan sólo les pido a todas esas personas que están haciendo frente a una enfermedad como esta que luchen. Luchad, no sólo por vosotros mismos, sino, por todas esas personas que ya perdieron mil batallas y la guerra entera.

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