Cerraba los ojos y sólo se me
aparecía su rostro. Cada noche, cada momento, era así. A menudo me daba miedo
yo misma. Quizá tenía una obsesión con ella, quizá lo mío era algo enfermizo.
Pero no importaba.
Sabía que aquella noche no iba a ser
menos, que no iba a estar ausente de recordarla. Sabía que no iba a ser así, y
me gustaba, mucho.
Últimamente siempre se me aparecía
la misma imagen: ella, con su chaqueta azul marino, con el pañuelo naranja. Se
mordía el labio inferior, hacía un suave pero constante movimiento con la
cabeza y me miraba. Me miraba hasta el punto de sentirme intimidada, incluso un
poco incómoda. Yo hablaba. Ella me escuchaba. Me escuchaba y me miraba. Me
sentía incómoda. No por el hecho de que ella me mirase, de que yo hablase y que
ella me escuchase. No por la magnitud, o no, de las palabras que decía, sino
por el hecho de que fuese ella quién me mirase. Ella. Lo había anhelado mucho
tiempo. No me arrepiento de haberle contado aquello, al contrario, es más, si volviese
a tener la oportunidad, lo volvería hacer. Esos momentos eran mágicos. No me da
vergüenza aceptar que aquellas palabras las había ensayado ante el espejo.
Pero luego, me di cuenta que, de lo que le había contado, me había dejado una
parte de la historia.
Ensayos ante un espejo que habían estado en vano. Nervios traicioneros.
Impulsos para lanzarme sobre ella y abrazarla. Abrazarla fuerte y no dejarla
ir, nunca. Impulsos. Logré controlarlos. Y no lo hice.
Mis ojos húmedos. Húmedos de lágrimas. Lágrimas de sueños cumplidos.
¿Y quién me entenderá cuándo digo
que es especial, que como ella no hay dos y que la amo?
¿Quién entenderá que sus palabras
son únicas, que ella es única? ¿Quién entenderá que lo único que quiero es que
no le hagan daño, que me gustaría estar siempre con ella y abrazarla? ¿Y quién
entenderá la impotencia que siento cuando me doy cuenta que no puedo hacerlo?
¿Y quién entenderá la felicidad y los celos que tengo cuando veo que ella ya
tiene a alguien que está con ella, que la protege, que la abraza y que la hace
feliz? Y por eso sólo me queda recordar.
Y vuelvo a recordar. A recordar el
momento. A recordarla. Y a prometerme que la próxima función será mejor.
Aplausos.
Fin.
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