Sonríe. No seas tonta y sonríe. Así todo va a ser más
fácil. Quizá con un poco de suerte hoy no viene cabreado del trabajo. Pero
sonríe, por Dios, María, sonríe. No, así no. Un poco más. No tanto, que parece
muy falso. Así, así mejor.
Odio la palabra sonreír. Siempre sonreír para que él se
piense que estoy bien. Para que piense que no me duelen sus insultos ni sus
golpes.
María no llores, por lo que más quieras no te hundas,
ahora no. Ahora no es el momento, que está a punto de llegar. Sonríe. Bien.
Me tumbo en la cama unos minutos antes de que él llegue.
Cierro los ojos y se me aparece Pablo. Joder, ¿tenía que ser él? Y luego se me
aparece Daniel. No sé cuál es peor. Uno condujo al monstruo del otro.
A Pablo no le quería. Sólo fue un rollo de una noche,
pero una noche que marcó para siempre mi vida. No únicamente con su recuerdo, sino por todas las heridas que
me provoca, por los moratones que se esconden tras el maquillaje o unas gafas
de sol o por los insultos que provienen de Daniel.
A Pablo no, pero a Dani le quiero. Le he querido con toda
mi alma. Lo he amado, lo he idolatrado. Hasta el día de hoy lo adoro. Es mi
vida y no se pueden echar a la basura siete años de nuestra existencia sólo
porque él pase por un mal momento en el trabajo.
Mientes, María, mientes. Y es que el mero hecho de que te
mientas a ti misma los golpes van cesar. Los insultos no van a desaparecer.
Pega un portazo y lárgate. Eres una mujer fuerte. Vas a poder salir de esta.
Haz la maleta, rápido, tienes veinticinco minutos antes
de que él llegue. ¡Ánimo!
Tres camisetas, dos pantalones, bragas, sujetadores,
pares de calcetines, cepillo de dientes y colonia. Todo dentro de una bolsa.
Sin orden alguno.
Cierra la maleta, rápido.
Se abre la puerta. Mierda, María, la cagaste. La volviste
a cagar otra vez: es él y no tienes escapatoria.
-¿Qué es eso?
No respondas María, no respondas. No lo mires. No hagas
nada, quédate quieta.
-¿Dónde crees que vas, furcia?
Cierra los ojos María. Si no lo ves los golpes no dolerán
tanto.
Deja la mente en blanco, María, piensa en el color
blanco. Blanco.
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