El 2014 ha sido un año lleno de momentos, de
ilusiones, de sueños, de amores y, también, de desamores. De amistades. De
soportes compartidos. De lloros y de nervios. De alguna decepción, tal vez. De
besos y abrazos. De vacaciones para recordar. De risas para no borrar. De
conciertos. De teatro y de mojitos. De charlas durante la madrugada. De noches
de no dormir y de mañanas de marmota. De despidos hasta dentro de mucho tiempo.
De bienvenidas. De personas nuevas que han llegado para quedarse. De personas
que se han ido dejando huella en el corazón y en la vida. De celebraciones. De
morir mucho amor. De estar y de ser. De disfrazarse. De subir sobre un
escenario. De reencuentros lejanos. De decir "ya quedaremos" y no quedar.
De puestas de sol. De compras y devoluciones. De miradas. De perder el tren. O, quizá, de no bajar en la estación
adecuada. De películas y de series. De emociones. De polis y cacos.
De heridas y de mercromina. De helados. De
yogures. De conversaciones en la playa. De hablar de todo lo que quieres hacer.
De hablar de todo lo que vas a hacer en 2015.
Hasta nunca, 2014. Ha sido un placer.
Anna
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