divendres, 8 de setembre del 2017

Mi diosa del Olimpo.


Me ha llevado dieciocho años llorar por amor. Me ha llevado dieciocho años leer un mensaje y pensarme durante más de cinco horas la respuesta para encontrar las palabras adecuadas, las que expresen. Las que me expresen.

Me ha llevado algo más de dos años entender que aún continuaba pensando en ti. En que quizá nunca dejé de hacerlo. Le duela a quien le duela. Porque también me duele a mí. Y mucho.

Porque cada persona que se interponga es sólo un paso más para llegar a ti. Llegar para no soltarte nunca, y esta vez va en serio. A por todas. A por ti. Te lo prometo.

Porque me abrazas y me besas sin tocarme. Y porque yo te abrazo y te beso igual, aunque hayamos hecho un pacto mudo de no decirlo, pero de comernos a besos.

Porque dejé de apostar por ti una vez. Dejé de apostar por ti y por mí, y no quiero volver a hacerlo. No sin intentarlo una vez más. No sin probarlo. Una vez y las que sean necesarias.

Porque no sé cuándo. Quizá hoy, quizá mañana o dentro de tres o cuatro meses, pero vas a acabar leyendo esto. Y vas a saber que va dirigido a ti.

A ti.

Tú.

Tú que eres mi musa en el silencio. Mi sonrisa de los buenos días y mis ojeras del día siguiente.

Tú que llegaste siendo una estúpida sin saberlo. Y que ahora eres igual de estúpida, pero con sentimientos. Con mis sentimientos. Y conmigo.

Tú que sólo tienes que decirme ven.

Y tú que no lo dices. Y que te odio por no decirlo. Sólo dime cuándo. Dime que ahora.

Pero es que parece que estemos gafadas, joder. Siempre pasa algo. Siempre por algo. Cuántas veces estuvimos a punto, casi, pero no. Pero prometo que ese día llegará. Que llegará y que no sabré qué hacer ante ti. Ante mi diosa del Olimpo.

La que siempre va tres pasos por delante de mí. La que siempre sabe más que yo. La de las altas capacidades que nunca se equivoca, y cuando creo que se equivoca, la equivocada soy yo.

La que estuvo en las buenas. La que se alegró por mí y la que apostó por mi cuando ni yo misma lo hacía.

La que estuvo en las buenas, pero también en las malas. La que estuvo cuando más sola me sentí sin necesidad de decírselo. La que estuvo conmigo aun estando a kilómetros cuando ni los que estaban a centímetros estuvieron. Porque creo que fuiste la única. O de las únicas. Qué triste fue todo eso.

Y yo también intenté estar contigo. Fuera en las buenas o en las malas, eso es lo que menos importa. Intenté estar siempre contigo e intenté estar siempre a la altura. Y continuaré intentándolo. Hasta la saciedad.

Porque te espero a ti. Igual que espero el verso de una canción cada mañana y que te rías de mis zumos de piña. Igual que espero que pronuncies palabras en catalán o que calles. O que me calles de la mejor manera que sabes hacerlo, lo que no significa dejarme sin voz.

Y recuerda siempre que yo sólo te quiero a ti. Tú quieres llamar la atención.


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